▪️ Presocráticos

 


Los fragmentos presocráticos constituyen los vestigios más antiguos del pensamiento filosófico occidental. Se conservan en forma de citas parciales, testimonios indirectos y máximas atribuidas a los primeros pensadores jonios, itálicos y eleáticos. Su interés no radica en la unidad, sino en la variedad de problemas abordados: el origen del cosmos, la naturaleza del ser, la estructura de la materia, el cambio, el conocimiento y la razón.

Tales de Mileto (s. VI a. C.) inicia la tradición con la afirmación de que el agua es el principio (arkhé) de todas las cosas. Anaximandro, su discípulo, propone el ápeiron (lo indefinido) como origen de todo, anticipando la noción de un principio no empírico. Anaxímenes afirma que el aire, mediante rarefacción y condensación, genera la multiplicidad del mundo. Estos tres piensan en términos físicos, pero con una orientación explicativa que inaugura la filosofía natural.

Heráclito de Éfeso representa una ruptura: todo fluye, nada permanece, y el fuego simboliza ese devenir. Sus fragmentos aforísticos insisten en la lucha de los contrarios como motor del cosmos. El logos —razón universal— gobierna todo, aunque la mayoría no lo comprenda.

Parménides de Elea, en contraste, niega el cambio. Su poema afirma que el ser es y el no-ser no es, por tanto, el devenir es ilusorio. Con él nace la ontología. Su discípulo Zenón desarrolla paradojas contra el movimiento para defender esta visión racionalista extrema.

Empédocles propone una solución pluralista: cuatro elementos (tierra, aire, fuego y agua) combinados por Amor y Discordia. Anaxágoras añade nous (mente) como principio ordenador. Demócrito y Leucipo desarrollan el atomismo: todo está compuesto de átomos indivisibles en el vacío.

Los fragmentos presocráticos son restos dispersos pero esenciales para comprender el nacimiento de la razón filosófica.


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